Hawaii: el paraíso infinito

Hawaii: el paraíso infinito

¡ALOHA OHANA!

Hoy quiero hablaros de uno de mis lugares favoritos del mundo….¡¡¡HAWAII!!

Desde pequeñita, era mi sueño poder conocer ese increíble lugar, bañarme en sus maravillosas playas, escuchar música hawaiana, ver bailar el Hula … y al fin, ese sueño se cumplió. Fue un viaje doblemente feliz porque fue mi viaje de luna de miel. Muchas sabéis que yo me casé en el 2015 y para las/os que no lo sabíais, ahora ya si. Jejejeje

Bueno, qué deciros de esa isla… tanto puedo contar y tan poco espacio para escribir…

No hay cosa que más me llene, me complazca y me haga más feliz que viajar. Pienso que el viajar te curte, te hace madurar . Conocer otras culturas, idiomas y costumbres hacen que tu mente se abra y quiera explorar mucho más mundo.

Nuestra “honeymoon” estuvo llena de anécdotas, pero sobretodo, por culpa del temporal en NY, pérdidas de aviones y esperas eternas en aeropuertos. Ahora cuando lo recuerdo me río pero os juro que lo pasé mal, ¡incluso lloré!.

Empieza la aventura.

Salíamos de nuestro hotel de NY para ir al aeropuerto JFK Internacional y volar hasta LA para hacer escala y seguir hacia Honolulú, Hawaii. Cogimos el metro y por culpa del temporal (estábamos a – 18º y Nueva York nevado), el metro se paró un rato y al llegar al aeropuerto, la chica del embarque nos dice que habían cerrado y el avión iba a volar. ¿Os imagináis mi cara? Quise morirme. Después de hablar un rato con la chica y explicarle lo sucedido, fue súper amable y nos dijo que teníamos que esperar a los siguientes vuelos dirección LA, que, si quedaban asientos, nos meterían.

Lo que pensábamos que iba a ser rápido se alargó a 8 horas. Cada vez que anunciaban un vuelo, rezaba para que nos llamaran. No sé si sabréis que cuando esto sucede, hay una pantalla al lado de la puerta de embarque con los nombres de las personas que están en espera. Pues yo veía los nuestros y deseaba que nos llamaran…pero nada. Otra vez a esperar… y de repente, en el último vuelo escucho con acento muy americano: “ Miss Debbie Arenas” ¡¡Qué alegría!!

Peeeero, veo que, al pasar yo, cierran la cinta. Y, ¿mi marido?, somos dos. Y me dice la chica que no, que sólo hay hueco para uno. Reconozco que perdí un poco los papeles, diciéndole que lógicamente era mi luna de miel, y que no iba a viajar sola, dejando a mi marido en tierra. Así que, me salí del embarque a buscar a mi marido, y al verle, no pude contenerme y me puse a llorar.

Entre el cansancio de estar allí más de 8 horas, la angustia, etc… ¡exploté!. Al lado de la chica que me llamó por megafonía había un compañero de ella que me vio llorar abrazada a mi marido, y le dijo algo al oído a la chica. De repente escuchamos : “Debbie and Miguel, come here”! No sabía si era mi imaginación o era real, pero sí señores, nos estaban llamando porque por arte de magia, sí podíamos volar los dos juntos en ese vuelo que en principio solo había sitio para uno. ¡¡¡POR FIN!!! No me lo podía creer. Al fin sentados en el avión y destino LA, donde nos tocaba dormir en el aeropuerto y a las 7am coger el siguiente avión destino Hawaii.

Me impresionó la magnitud y extensión de Los Angeles… ¡¡Qué pasada!! Ver la ciudad iluminada de noche desde el avión, impresiona mucho. Al aterrizar, buscamos un sitio donde cenar algo y nos tumbamos en un hueco a descansar hasta la mañana siguiente. Yo no pude dormir nada… en sitios tan abiertos con gente danzando por ahí… no me fio.

Al llegar fue indescriptible….un lugar tan soñado y de repente verte ahí. Me quedé sin palabras.

Alquilamos una casita en un barrio autóctono y era perfecta! Súper bonita y con la parada del bus justo enfrente. Cogíamos todos los días el bus y nos íbamos a diferentes puntos de la capital, Honolulú. Reconozco que el “downtown” de la capital no es muy bonito. Hay muchísimos vagabundos, calles un poco sucias, pero cuando ya llegas a la zona de Waikiki, es genial. La playa es muy chula, mucho surf, mucha gente, el gran monumento de DUKE, al que admiran y le llenan los brazos de “Leis”.

Curiosidad

El «lei» es la palabra hawaina que designa a la típica corona que estamos acostumbrados a ver cuando se habla de Hawaii. Las autenticas las cosen a mano una a una con un amor que asombra. Hay una zona del centro de la ciudad que hay un sinfín de tiendas de Leis y el olor es maravilloso, porque las flores son de verdad y ojo, que algunos pesan! .

Tuve un accidente surfeando en Waikiki y me corté parte del pie con el reef, así que, no pude surfear más. ¡Qué dolor! Lo peor era que tenía miedo a que me tuvieran que poner puntos, más que nada porque en EEUU no hay seguridad social y todo lo que es medicina es carísimo!  Yo solo pensada en 1000 dolores por punto…jajajajaa! Pero tuve la gran suerte que con puntos de pegatina se pudo cortar la hemorragia. Ahora cuando veo la cicatriz sonrío porque me acuerdo de ese día y al final nos quedamos con lo bueno.

Momento estelar.

Estando allí, hubo un festival un HULA y lo vi enterito en primera fila. Emocionada, es poco. Qué subidón y qué paz me da su música…

Conocí a un hawaiano que tendría unos 60 años, en una placita de un mercado de fruta al que fuimos, con su ukelele empezó a cantar “Over the Rainbow”. No me lo podía creer, una de mis canciones favoritas!!!! Me fui corriendo hacia él y grabé toda la actuación…y sí, se me cayeron las lágrimas. No puedo describir lo que sentí en ese momento, simplemente fue perfecto y lo guardaré siempre en mi corazón.

Me quedaron muchísimos sitios donde ir, porque no teníamos tiempo pero, si o si, volveré a viajar por las diferentes islas, que es, donde realmente me han contado que te quedas boquiabierto! Qué ganas de volver!

Si alguna de vosotras ha viajado a esas islas, ¡¡Quiero recomendaciones!!

Pues aquí mi pequeño resumen de un viaje de ensueño.

¡ALOHA!

photos by Debbie Arenas

 

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